domingo, 8 de noviembre de 2020

PEDIR AYUDA: MÁS ALLÁ DEL DIAGNÓSTICO

    Hace un tiempo, una paciente (o usuaria el sistema nacional de salud) me pidió que la derivara a la unidad de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), y tras la anamnesis (o entrevista clínica) no me hizo falta mucho para entender su problema con la comida.

 Antes de ir a la unidad especializada tuvo una visita con una psiquiatra fuera de la unidad que consideró que la debían ver en la unidad especializada en TCA. Una vez en la unidad especializada le dijeron que probablemente lo que tenía era un trastorno de ansiedad  que le llevaba a comer compulsivamente y que probablemente no la podrían ayudar allí. 

    Qué desesperación, "no la querían" ni en un sitio ni en el otro. Ella solo quería ayuda. Esto pasa mucho en el mundo de la medicina tan especializado: "esto no es mío, que lo vea otro" y así el paciente se pasa dando vueltas y la casa sin barrer. 

    Me desvío del tema. El caso, con lo difícil que puede ser llegar a pedir ayuda y que no sea nada fácil que te la den. Primero tienen que definir bien la etiqueta que te van a poner y después ya si eso te ayudamos. Que no digo que una etiqueta no pueda ayudar a la ahora de enfocar el diagnóstico, pero el sufrimiento de la persona ya está ahí, da igual el nombre que le pongas. 

    Creo que aquí también entra el estigma social y del colectivo médico con respecto a los TCA: si no pesas 30 kg y no se te notan todos los huesos, no tienes TCA. 

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    Yo nunca fui a pedir ayuda a ninguna doctora ¿no estaba tan grave? Nunca llegué a pesar 30kg aunque sí lo deseaba. 

    Nunca fui, primero porque pensaba que no tenía derecho a pedir ayuda ni a ser ayudada. Segundo, porque me daba vergüenza reconocer lo que hacía (atracones a escondidas sobre todo), incluso reconocérmelo a mi misma. Tercero, pensaba que algún día se iría solo. Cuarto, pensaba que no era tan grave, aunque me hiciera sufrir tanto, al fin y al cabo lo que la gente no ve no existes, ¿no? (ironía).

    ¿Y quien me lo diagnosticó? Fue leyendo los apuntes sobre los trastornos de la conducta alimentaria en la asignatura de Psiquiatría en 5º de medicina donde me di cuenta. Por aquel entonces el trastorno por atracón aún no era una entidad independiente en el DSM*, pero sí que estaba en los trastornos no especificados. 

    *El DSM es ese libro de la asociación estadounidense de psiquiatría que clasifica los trastornos mentales conforme se van descubriendo fármacos nuevos para que ninguna conducta esté exenta de tomar un fármaco para así, seguir lucrando a las farmacéuticas (bueno, quizá esta definición no es la más correcta y tiene un poco de opinión personal, pero para otras definiciones ya está Google). 

    Antes hablaba sobre las etiquetas y el tiempo que se pierde cuando alguien necesita ayuda, pero como seres humanos necesitamos encajar, o por lo menos yo necesito encajar, y cuando leí que lo que me pasaba tenía un nombre, hubo una parte de mí que descansó, aunque aún me quedara mucho por andar. 

    En cuanto al pedir ayuda... cuesta y costó. Me apunté a un curso sobre autoestima y recuerdo que la docente nos dejó su correo electrónico. En aquel entonces la docente era lo más cercano a una terapeuta que yo conocía y sé que hacía sesiones individuales. Me habría encantado pedirle ayuda, en lugar de ello le escribí un correo electrónico pidiéndole bibliografía cuando lo que quería pedirle locamente era  una sesión individual. 

    Al igual que la primera vez que fui a la psicóloga. Ahora soy  fan número uno de la terapia y hablo de la mía sin reparo, pero la primera vez que fui fue porque una amiga me dijo "hasta aquí" y me cogió día y hora con una psicóloga y no me dio opción. Y menos mal. 

    Quizá el no pedir ayuda va enmascarado de orgullo y un "yo no necesito nada" pero eso es irreal. Tod@s somos interdependientes y el necesitar no nos hace peores, al revés. Dejar ver nuestra vulnerabilidad es de valientes, y esta es una asignatura que aún me cuesta. Pero aquí seguimos. 

Me encantaría leer vuestra experiencia con la psiquiatría y el TCA. 


lunes, 27 de abril de 2020

Mi silla vacía de hoy

Sentía una inquietud en mi interior y le he dado voz, me han salido dos polaridades, una que machaca a la otra:
Contexto: salida ayer de lxs niñxs a la calle, puse un post: "Ahora tdxs lxs sanitarixs nos cogemos la baja por ansiedad y que la selección natural haga el resto". 
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Parte juzgona, robótica, de piedra:
-Mira Natalia que se cree todo lo que dicen en la tele (en relación a las salidas masivas de las familias) como si todo el mundo lo estuviera haciendo mal. 
-Ahora te rechazarán porque has dicho algo que te pondrá en contra mucha gente. 
-La gente con hijxs te odiará, ¿cómo te atreves a decir eso?
-Y te crees el centro del mundo pensando que te odiarán si tu opinión no vale una mierda. 
-Y encima tienes que escribir para justificarte y que te quieran, ¿es que no te puedes aguantar?
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Parte vulnerable, la que siente:
-Tengo miedo.
-Sólo me viene a la cabeza las dos horribles semanas que viví (estando en el pico sin  saberlo), donde cada día enviaba al hospital de 2 a 4 personas, algunas en parejas y que estaban muy malitas, las personas que llamaba para hacerles control y que cada día estaban peor, las alarmas por defunción que iban apareciendo...
-Semanas llorando de tristeza, impotencia, rabia...  miedo que se repitan. 
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La primera parte a la defensiva, con el miedo al qué dirán, al qué pensaran de mí, aquella que rige mi actuar pero que ayer al publicar el post dejó de lado y que entonces vuelve con más fuerza. 
La que piensa que tiene que hacerlo todo BIEN para que la quieran, para que la acepten, para no quedarse sola. La que cree que tiene que pensar como todo el mundo y adaptar su discurso según con la persona que esté para que la acepten, cosa que se ha enseñado a hacer muy bien.

La segunda, la parte que no puedo negar, porque los sentimientos los tengo y no me puedo engañar (bueno, por poder puedo porque lo he hecho muchas veces, pero ahora no quiero). La parte que sale más de dentro, del corazón y de las tripas.

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Como observadora (integración):
Las dos partes tienen miedo en el fondo, una miedo al que dirán y a que la dejen de querer, la otra miedo a un futuro incierto que no puede controlar, así que hablan desde el mismo sitio, cosa que me ayuda a entenderlas. 
La del "miedo al que dirán" es la que me crea taquicardia y la sensación de estar suspendida en el aire pudiendo caer en cualquier momento, pero ahí está, la acojo aunque a veces me cueste.
Mi parte vulnerable viene más del ahora, de lo que le está pasando, la otra viene de sensaciones guardadas, de algo que no está pasando ahora. Viene de lo que entendió de niña y que ahora no le ayuda. 

Me doy cuenta de que tengo miedo y que este miedo viene de dos partes, las acojo, no lucho contra ellas ni las pongo a pelear. 

Y hasta aquí mi terapia de hoy. 

No sé quién hizo esta foto, pero me tomo el permiso para retocarla que no se vean las caras

domingo, 5 de abril de 2020

¿Cómo estás?

Tengo dificultades. 
A veces me es difícil saber lo que siento, como si tuviera una soga en el cuello que no dejara pasar los mensajes entre la cabeza y el cuerpo, como si mis sentimientos estuvieran dentro de un búnker cuya puerta es difícil de encontrar, como si tuviera una venda en el corazón. 

Pero el cuerpo me envía señales. Ansiedad. ¿Qué es la ansiedad? En la Gestalt me han enseñado que la ansiedad es la antesala a algo concreto, algo que te está pasando, algo que te está activando por dentro, que llama tu atención. Es un "¡eooooooo! ¡estoy aquí! ¡no pases de mí o te voy a hacer pasarlo mal!". Y ¿qué es lo que está ahí? Ahí está el asunto difícil para mí, detectarlo. 

Confundo la tristeza, la rabia, el miedo...  ¿puedo sentirlo todo a la vez? ¿me lo permito?
Estar con estas emociones no me es fácil. "Si estoy triste no me querrán", "si estoy enfadada creo mal ambiente y me rechazarán", "si no me apetece sonreír y pongo mala cara me odiarán", "si pongo un límite cuando algo me molesta o simplemente porque no lo puedo atender en ese momento... me quedaré sola". 

Y evitando sentir esas emociones he vivido mucho tiempo, intentando sonreír aunque no me encontrara bien, camuflando mi malestar, dejándolo salir sólo cuando estoy a solas, sin que nadie se entere, llorando a escondidas... y como no... intenté hacerlo desaparecer con comida. Atracones, sólo un síntomas. 

En estos momentos me estoy oyendo una voz, una voz que sube de mis tinieblas, desde mi inframundo, desde mis fantasmas, una voz de auxilio: por favor, no me dejéis de querer si estoy triste, si no gasto bromas, si digo que no a un encuentro. No me dejéis de querer si no respondo a vuestras llamadas, si os hablo mal en un momento de estrés. No me dejéis de querer si os pongo mala cara. 
¡Acéptame por favor! Acéptame si no estoy al 100%. Acéptame si no soy útil, acéptame si  no me sale bien el bizcocho, acéptame si no cumplo con mi deber. Acéptame. 

Y con cada límite que pongo, con cada "no" que digo, esa voz se hace más grande y esa soga me aprieta más.
Y buscando la aceptación externa me consumo, y buscando la validación externa me pierdo.

Pero, ¿qué se pide de mí? ¿qué me pido a mí? Hago lo que puedo.
Hago lo que puedo.
Hago lo que puedo.
Hago lo que puedo.
Hago lo que puedo.
Hago lo que puedo, y lo que puedo puede ser diferente cada día.

Y me invalido. Porque hay gente peor que yo, entonces no me puedo quejar. No puedo estar triste porque hay gente peor que yo. No puedo estar cansada porque hay gente peor que yo.
Y así la soga va apretando.

"Mejor ser una máquina, así no siento, así puedo estar al 100%, seré perfecta y así todxs me amarán".
Y así me muero por dentro. Así me alejo de mí. Así pongo capas de hormigón armado en mi búnker, así me deshumanizo, así tengo insomnio, así tengo un brote de Crohn, así me duele la cabeza, así me pierdo.

Y entonces llega el aceptar. Aceptar que puedo tener miedo. Aceptar que no soy autosuficiente. Aceptar que te necesito. Aceptar que me puedo enfadar, aceptar que puedo hacerte daño. Aceptar mi parte oscura, mi sombra. Aceptar mi parte sádica que en ocasiones quiere mandarte a la mierda. Aceptar que a veces me la suda tu puto problema. Aceptar que puedo odiar. Aceptar que a veces siento instintos asesinos y le reventaba la cabeza a más de unx (metafóricamente, no quiero ir a la cárcel por esto). Aceptar que a veces me aburres. Aceptar que a veces sólo miro por mí. Aceptar mi poder de hacer lo que me de la real gana y acoger a esa voz que tiene miedo de que la rechacen.

Pues así revientan mis intestinos.

¿Cómo estás?

Ni triste ni alegre,
Ni mucho ni poco,
Ni débil ni fuerte,
Ni cuerda ni loca. 
Pedro Guerra - Ni todo lo contrario


martes, 26 de marzo de 2019

¿Has superado el trastorno por atracón?

¿Te has recuperado del trastorno por atracón? ¿Lo has superado? ¿Te has curado?

Últimamente, con mi mayor actividad en Instagram me llegan mensajes de este tipo. Me encanta poder hablar con estas personas pero muchas veces no sé qué decir. ¿Qué es recuperarse? ¿Qué es superarlo? ¿Qué es curarse?

Ante esto hay varias vertientes: gente que te suelta frases lapidarias como: ESTO ES PARA TODA LA VIDA y otras que dicen que ES POSIBLE SUPERARLO. 

Yo creo que todo depende de lo que entendamos por recuperación. 

Si  me preguntan qué ha cambiado en mi vida de hace unos 4 años a aquí diría que puedo estar en casa sola sin pegarme atracones, puedo salir a cenar o comer fuera de casa varias veces a la semana sin que eso perturbe mi estado mental, no tengo ansiedad cada día, sólo ocasiones contadas y por lo general, no acaban en atracón (aunque sí que a veces me permito el dulce), puedo tener en casa una tableta de chocolate y que me dure tres semanas, como variado e introduzco alimentos que para mí eran prohibidos por su alto contenido en grasa  y calorías aunque fueran saludables (huevo, aguacate...), puedo comer pizza o pasta sin sentirme mal, puedo comer una chocolatina y no acabar con el paquete, me permito en ocasiones improvisar con la comida, he llegado a un equilibrio con el ejercicio y procuro cuidarme si mi cuerpo no me acompaña... Son cosas cotidianas que antes no podía hacer. 

Y lo que me ha llevado a poder hacer eso ha sido el reconocimiento de mis emociones y el dejármelas sentir. Ser consciente de mis pensamientos, de mis emociones y de mi cuerpo. Suena a magia esotérica y sectaria, pero es que es así por mucho que diga Pedro Duque. 

Aunque a veces me sigo pillando con pensamientos intrusivos que me dicen que tengo que compensar o que tengo que pesar XXkg para sentirme mejor, soy comprensiva conmigo misma. 
Estos pensamientos los tengo porque me han enseñado que delgada estaré más guapa y me querrán más. Aunque cognitivamente yo entienda que no es así, a mi niña interior le sigue afectando esto y yo como adulta tengo que acompañarla y mostrarle que no es así, que yo soy más que un número en la báscula. Esto lo tengo que seguir haciendo día tras día porque es un pensamiento que tengo grabado a fuego, pero no pasa nada, no me machaco y me acompaño en mi aprendizaje. 

Para mostrar la realidad, el otro día en la nutricionista vi que había engordado. Y me jodió. Y me jodió más el que me hubiera jodido. Porque entonces, ¿qué es todo este rollo que os estoy contando? Pues lo acepté. Pero entonces cuando iba por la calle, me miré en el reflejo de un coche y me encantó lo que vi. Entonces Natalia, pensé, ¿por qué coñx le das tanta importancia a ese número? Y entonces volví a desengancharme de ello. Y me volveré a pillar enganchada y me volveré a desenganchar y no pasa nada. Lo que no hago es quedarme en bucle pensando en ello ni restringirme ni pasar de mí (cosas que me llevaban al atracón). 

También esta vez, fue diferente lo que me llevó a la nutricionista. Estos últimos años no hice cambios bruscos de peso pero sí que progresivamente fui cogiendo algún kilo. Y vi que mi alimentación era monótona y aburrida y me vi capaz de ir a la nutricionista pero no con la mentalidad dieta, sino para cuidarme. Sí, quería que me vinieran más cómodos los pantalones pero lo curioso es que yo me veía físicamente bien, así que lo vi todo desde otro ángulo. Igualmente me pasó lo del otro día con el peso, pero como os digo, es aprendizaje. También hubo algún momento en el que me iba hacia la restricción, pero lo importante es darse cuenta de ello y tratarse con cariño.

Y no, sola no pude. Son horas de terapia y formación invertidas. Eso sí que es inversión de futuro. 

Entonces, ¿estoy recuperada?
Yo sólo sé mis progresos y que mi sufrimiento ha disminuido. 


domingo, 3 de febrero de 2019

INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA DE LA OBESIDAD

Me vienen muchas dudas acerca de esta entrada porque tengo ideas que chocan en mi cabeza.
Unas vienen de ideas que he ido aprendiendo como niña gorda, otras como médica y otras vienen de ideas que he desaprendido gracias a los movimientos sociales, así que necesito hacer una serie de declaraciones. Muchas cosas no serán objetivas.
ESTAR GORDX NO ESTÁ MAL. No estamos mal por pesar más (o menos) de lo estipulado como peso NORMAL (odio esta palabra pero definámosla como lo que más abunda). Yo aún me lo tengo que seguir repitiendo en algunas ocasiones.
Aún así nos hemos tragado sin agua el hecho de que hay que adelgazar, que el cuerpo bonito es el delgado...
Después viene la ciencia... Hay estudios dónde los resultados van a favor de que el peso es un factor de riesgo cardiovascular, que favorece cierto tipo de cáncer etc.
Pero por otra parte se ha visto que alguien con sobrepeso que hace ejercicio puede ser más sano que alguien que no lo hace y que cuyo peso está dentro de los valores considerados saludables.

El libro, habla sobre la salud física y psicológica en relación con la obesidad. La parte psicológica la relaciona con el hecho de no estar satisfecho con el propio cuerpo ya que en sociedades occidentales la delgadez es un valor social.
Personalmente, creo que desde el 2013 que se escribió este libro, poco a poco han ido emergiendo movimientos en contra de la gordofobia y de "body positive" o positividad corporal, que a mí por lo menos me han ido ayudando en la aceptación de mi cuerpo ya que dan visibilidad a los cuerpos que son escondidos por los medios de comunicación.

En cuanto a la parte física habla de enfermedades, pero lo que me sorprendió fue que en la lista de enfermedades asociadas a la obesidad incluyan a la CELULITIS, ¿en serio? Así, para estigmatizar un poco más. No quiero tomármelo como nada personal.
He de decir que el libro está lleno de citas bibliográficas y que todos los datos está sustentados en estudios.
Me llamó la atención que en uno de los estudios realizado en un instituto con adolescentes llegaron a la conclusión que éstas no es que quisieran ser delgadas sino que NO querían estar gordas.

La parte que me parece interesante, es que habla de desculpabilizar la obesidad. Hay diversos determinantes que llevan a una persona a tener sobrepeso y no es sólo por la famosa "falta de voluntad" de la cual podríamos hablar largo y tendido. Habla de determinantes sociales, factores socio-económicos, urbanísticos... Algunos ejemplos son que la comida basura es más barata, más sabrosa y muy accesible, que tenemos publicidad las 24 horas del día, tenemos más edificios y más coches pero menos zonas verdes donde salir a pasear, en general, tenemos trabajos más sedentarios y realizamos los desplazamientos en transporte motorizado. En este sentido, debería trabajar más el gobierno a nivel de políticas globales y no dejarlo sólo en nuestra mano.

Hasta aquí podría estar dirigiéndome a todo ser habitante del planeta y no tener nada que ver con el sobrepeso ya que los hábitos de vida saludable son recomendados para todo ser mortal.
Recuerdo un médico que decía que por más que desde la consulta de atención primaria incidamos en la pérdida de peso de los pacientes, este mensaje no iba a poder ir en contra de todo lo que nos meten desde fuera. A mí me ha pasado estar viendo la tele y de repente ver un anuncio de una palmerita de chocolate e ir corriendo a pegarme un atracón.

El enfoque psicológico de la intervención es desde un punto de vista cognitivo-conductual ya que es desde el que se dispone de más estudios. Que de otras terapias no hayan estudios no significa que no sean efectivas.
A nivel personal ese enfoque, en el punto de mi vida en el que estaba, no me funcionó, así que lo leo con algo de recelo. Es cierto que el libro habla sobre los trastornos de la conducta alimentaria y que antes de empezar cualquier terapia habría que explorar si lo hay, pero a la hora de explicar el enfoque de la intervención psicológica (hasta lo que he leído) no lo tiene muy en cuenta, por lo que las gafas con las que leo el libro son bastante críticas.

Cómo yo viví la terapia en su momento, se trataba de llenar una tabla dónde ponía qué comía y qué sentía. Recuerdo llenar la parte de lo que sentía pero no le hacían caso, sentía que pasaban de mis emociones.  Cómo digo sólo probé una terapeuta en un centro especializado para Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), por lo que el tamaño de mi muestra es pequeño y no puedo generalizar.

Volvemos al libro, aparecen ejemplos de autorregistros con diversas columnas (momento del día, contexto, motivos para comer, qué como y cuánto, calorías ingeridas, sensaciones tras comer). Creo que como aproximación para tomar conciencia de lo que haces en realidad a ciertas personas les puede ir bien. Habría que individualizar porque en una persona con TCA creo que el hecho de contar calorías quizá es contraproducente, siempre hablando de la experiencia en primera persona.

Otra parte habla de poner una columna con "consecuencias para la salud integral" indicando un automensaje con el objetivo de reforzar o CASTIGAR la conducta. Esta palabra yo la borraba del libro ya que a mí me llevaría a la culpabilidad total y seguro que me reforzaba más la conducta. Los mensajes serían de tipo: Si reduzco mi obesidad seré más ágil o si sigo con esta conducta mantendré mi obesidad y me seguirán doliendo las rodillas.
Hay otra parte que habla de CASTIGO. Cito textualmente: "con este tipo de autorregistros estamos utilizando también una técnica de castigo de forma implícita, dado que el sujeto sabe que si come algo (quizá no adecuado), va a tener que sacar la libreta y apuntarlo".
A mí esto, personalmente, no me llega.

No deja de ser un manual práctico dónde explica una buena evaluación de la obesidad con su contextualización biológica y social y con base bibliográfica del que puedo aprender varias técnicas aplicables a ciertas conductas.

Me encantaría saber vuestra experiencia con la terapia cognitivo-conductual si es el caso de haberla probado en cualquier contexto :)

sábado, 12 de enero de 2019

QUE EMPIECE EL JUEGO

Hace casi 2 años que no paso por aquí. Ahora delante de este ordenador, no soy la misma que me etiquetaba como comedora compulsiva. Sigo poniendo el foco muchas veces en la comida, pero no me hace sufrir de esa manera. Sigo sintiendo como mérito el hecho de que durante esta Navidad haya dejado la bandeja de dulces de casa de mis padres igual que estaba, llena, sin ningún  esfuerzo además. Sigo sintiendo nostalgia por fotos en las que estaba más delgada, pero lo más importante es que no siento rechazo al verme en fotos en las que pesaba mucho más. Sigo pensando en ocasiones que ciertos alimentos son "veneno" (por antiguas etiquetas que les puse) y me cuesta introducirlos a veces en la dieta. A veces sigo sintiéndome mal si paso una tarde en el sofá y acabo haciendo 3 meriendas. Y  a veces, las más últimamente, disfruto.

En estos últimos años han pasado varias cosas. Irme a vivir con mi pareja, acabar la especialidad de medicina familiar y comunitaria e iniciar la formación en Terapia Gestalt, última en la lista, pero clave.

El irme a vivir con mi pareja me ayuda en el sentido que cocinar para 2 o que me cocinen me lo pone todo mucho más fácil. Eso no quita que tenga tardes (sobretodo) de soledad que me hagan revivir momentos temidos en el pasado y  que desate mi ansiedad.

Acabar la especialidad me abre ahora mismo un mundo de posibilidades, un camino sin escribir que yo decido como rellenar. Esto a la vez que entusiasmarme, me da pánico. Nunca supe si mi camino era ser médico y aún sigo dudando de ello, pero desde primaria, mi camino se iba rellenando con bloques que no estoy segura de haber puesto yo. Es curioso cuando le gente me dice: ¡pero si has estado estudiando durante 11 años será porque te gusta! A lo que yo respondo: Tener una venda en los ojos y no quitársela es mucho más fácil que arriesgarse a mirar y ver lo que quieres o más difícil, lo que sientes. Con esto no digo que quiera replantearme toda mi vida, sólo sé que tengo más inquietudes y que esto no acaba aquí.

Y la Gestalt. La encantadora a la vez que cabrxxx Gestalt. Formación vivencial 100%. No te puedes escapar. Te podrás dar atracones de comida si quieres, pero tendrás que mirarte en algún momento y afrontar todo lo que tienes ahí. Tomar conciencia de cómo actúo y por qué lo hago es la única forma para poder sanarlo. Iba a decir cambiarlo, pero nos bombardean con mensajes de todo lo mal que estamos y de todo lo que tenemos que cambiar de nosotrxs mismxs por lo que es un término que creo que tengo que utilizar con pinzas para que no se vuelva en mi contra. Yo estoy bien como estoy y cualquier cambio es bienvenido.

Tengo dudas. Estoy en un momento de Stand By, momento que no me habría permitido en otros tiempos o que si lo hubiera hecho habría acabado con atracón al minuto cero porque: "si dejo el trabajo pensarán que soy una vaga", "si dejo la medicina qué pensará de mí mi família", "seré una fracasada"... Pero el verdadero fracaso es no escucharme y no seguir mi instinto por muy difícil que me lo ponga mi "jueza dictadora".

Que empiece el juego.


domingo, 26 de marzo de 2017

ME ESTÁS ESTRESANDO

Parece que si no trabajas, te sacas dos carreras a la vez más el máster, vas a clases de inglés más telugu por vocación, dejas tiempo para tus hobbies como la cerámica, la pintura... pasas tiempo con tus amigxs, con tu familia, con tu pareja o folliamigxs,  haces skype con aquellos que están lejos, limpias la casa, haces la colada, te preparas los tuppers para la semana con la compra que has ido a hacer al mercado ecológico (porque hay que comer sano, bien y sin aceite de palma), vas al gimnasio para mantenerte en forma, viajas frecuentemente y a poder ser a los cinco continentes (¿quién no quiere una foto con un tigre albino o con un canguro?) y todo esto mientras ves la lucecita del móvil encendida cada dos por tres con mil mensajes de whatsapp que lo mismo es el grupo de los del trabajo con un artículo interesante un sábado por la noche o es un grupo de amigos con el meme más absurdo y gracioso que ronda por internet en esos momentos. O quizá estás en Instagram viendo lo feliz que es la gente publicando cada minuto cómo hace todo lo anterior y además son padres o madres de familia. Y a todo esto, te debes sentir afortunadx por tener un trabajo y poder tener hobbies y poco tiempo libre, porque si no te sientes así, amigx mío, flagélate, eres mala persona.
Sí, así somos hoy en día, o por lo menos así es mi visión hoy.  Hay que producir y hay que mostrarlo... (un momento que abra el whastapp...).
¿Por dónde iba? ¡Ah sí! Y luego hay que saber parar...

En mi mente se clavó el lema del "si no produces no eres nada". Por eso saber parar me ha costado mucho, y aún me cuesta.
Me siento mucho mejor la semana que hago más horas, me siento productiva. Siempre me ha pasado, la tarde que tenía libre no me permitía parar... por lo que muchas veces me abocaba al atracón, y así, una vez llena y exhausta, mi cuerpo se relajaba y podía al fin descansar en paz, paraba la mente traicionera que me llamaba vaga y perezosa.
Pero ya no me culpo. Es cierto que me sigue costando parar y que alguna tarde tengo la ansiedad al 200%. Me tengo que permitir parar, tengo que cambiar mis esquemas mentales, mis esquemas impuestos y crearme los míos propios. Porque al final estamos en lo de siempre. Si no te das cuenta acabas entrando en la vorágine de las masas y si no tomas conciencia de ello, estás otra vez contando calorías, preparando atracones y vomitando a la vez.
Porque siguen los bombardeos para conseguir un cuerpo de verano, y si bajo la guardia volveré a creerme lo que tanto me ha costado deshacer en mi mente.
"Relaja la raja, amiga".
Respira y a seguir.